Escuela de verano de Humanidades Digitales

Me encantan las escuelas de verano de Humanidades Digitales. Es como asistir a un congreso,  pero con el añadido de que cuando termina te vas con la sensación de que has aprendido mucho sobre el tema del workshop que has elegido.  En años anteriores he participado en From Metadata to Linked Data Summer School celebrado en el Trinity College de Dublin y en el Digital Humanities Summer Institute de la Universidad de Victoria, en British Columbia (Canadá). Este último se realiza cada año y es muy recomendable (para el próximo curso ofrecen 27 cursos, cada cual más interesante).

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En estos momentos estoy participando en “Culture & Technology” European Summer School in Digital Humanities  (también muy recomendable) y que se está llevando a cabo en la Universidad de Leipzig (Alemania). A lo largo de 11 días (desde el 22 de julio al 2 de agosto) unas 40 personas de 17 nacionalidades distintas estamos reunidos en esta ciudad de gran tradición musical (Bach fue compositor y director musical de Leipzig durante muchos años) y literaria (todavía sigue en marcha el restaurante al que Mefistófeles lleva a Fausto, en el Fausto de Goethe, quien en esta obra describe Leipzig como “un pequeño París”) para participar en alguno de los siete cursos que se ofrecen y que se combinan con la presentación de posters y proyectos, mesas redondas de especialistas internacionales en Humanidades Digitales, sesiones plenarias abiertas al público sobre edición digital, big data, análisis textual, etc. Además, el programa incluye una gran variedad de actividades culturales y de entretenimiento que permiten acercarse con más detalle a la ciudad de Leipzig y a la cultura alemana.

Me gusta mucho este formato de escuela de verano, porque el curso que llevas a cabo funciona como núcleo central, y todas las actividades que se realizan alrededor de él lo complementan y permiten añadir diferentes puntos de vista que, a su vez, plantean cuestiones que posteriormente se analizan con mayor profundidad en los workshops.

Estoy siguiendo el curso Editing in the Digital Age: From Script, to Print, to Digital Page dirigido por Johanna Green, de la Universidad de Glasgow (Escocia). El curso, eminentemente teórico, suscita debates muy intensos sobre la propia concepción de qué es o cómo debería ser una edición digital (hemos analizado con detalle las definiciones de Peter Robinson y Jerome McGann, entre otros), sobre el continuo enfrentamiento entre lo analógico vs. lo digital (muy interesante este artículo que presenta una visión bastante negativa respecto a la digitalización de manuscritos y la respuesta al mismo).  Por otra parte, hemos analizado  multitud de proyectos de edición y digitalización de documentos, y todavía queda una semana por delante, así que falta mucho por explorar.

La verdad es que el hecho de realizar este curso sobre editar en la era digital en Leipzig ofrece la posibilidad de vivir el mundo de la edición más allá del aula. No solo porque Leipzig sea, junto con Frankfurt, uno de los lugares que vienen a la mente al hablar de libros y lectura (ha sido siempre un centro importante de impresión y venta de libros), sino porque cuenta con un Museo del Arte de la Imprenta (Museum für Druckkunts) en el que es posible ver en directo técnicas tradicionales de impresión y acercarse a este arte a través de diferentes demostraciones prácticas de cómo es todo el proceso (¡las máquinas todavía funcionan, se pueden tocar e imprimir con ellas!).

printing museum

Por último, me gustaría destacar uno de los temas de debate que surgió en una de las mesas redondas, un tema bastante recurrente en los congresos/encuentros sobre Humanidades Digitales. Alguien señaló, y había muchas opiniones a favor, que en breve el adjetivo ‘Digitales’ desaparecerá del término ‘Humanidades Digitales’, puesto que se dará por hecho que las Humanidades serán digitales  (o no serán) -algo así como lo que escuché en un debate similar y que ponía como ejemplo que ya nadie dice ‘ven a mi casa y vemos el partido en mi televisión en color’ porque ya se da por hecho que nadie tiene una televisión en blanco y negro-. Me gustaría destacar la opinión de Ulrich Schneider, director de la biblioteca de la Universidad de Leipzig, quien se mostró en desacuerdo con esta afirmación y señaló que el adjetivo digital siempre será necesario porque las Humanidades siempre existirán sin la necesidad de aplicar métodos computacionales. ‘Siempre habrá gente capaz de cambiar el mundo con un lápiz y un papel’, señaló.

Volveré con más comentarios sobre el curso y sobre las sesiones de debate.

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Nàdia Revenga. CC-BY-NC-SA